Esta vez me he decido por leer a uno de los escritores españoles mejor valorados por la crítica: Álvaro Pombo, no en vano tiene en su poder varios de los galardones más prestigiosos de este país, entre otros Premio Nacional de Narrativa (1997), Premio Planeta (2006) o el Premio Nadal (2012) .

En la biblioteca digital solo tenían esta obra, que por cierto ganó el Premio Nacional de Narrativa en 1997, por lo que no dudé más y comencé su lectura, conociendo poco o nada sobre el autor (obviamente salvo sonarme mucho por aparecer con asiduidad en las listas de los libros recomendados).

El argumento es muy sencillo, la narradora (de la que no conocemos el nombre) rememora su infancia y juventud en su casa familiar. La verdad es que lo importante de este libro no es el argumento, en el que realmente suceden pocas cosas, aunque no falta de algún que otro giro inesperado e interesante. Lo importante es la forma. Pombo hace gala de un gran dominio del lenguaje y de la narrativa demostrando el porqué es considerado “una voz personal y única en la literatura española”.

Esa escritura meticulosa y detallista le sirve para describir no solo una España de posguerra, vista de los ojos de una joven aristócrata (o por lo menos adinerada), que vive prácticamente aislada en una pequeña hacienda en la costa cantábrica. Pero no calificaría este libro como costumbrista, más bien es un libro sobre la búsqueda de la identidad de una joven marcada por una familia muy especial.

Se trata de un libro de sentimientos, de lo que se supone que debemos sentir y como creamos ideas sobre la realidad y sobre las personas que no son siempre correctas. Se trata de un libro sobre relaciones: las familiares, las de pareja, las de una familia bien con el resto del pueblo, las de los hombres con las mujeres. Se trata de un libro de recuerdos, de una vida que ya pasó y que intentas comprender desde el presente.

Después de todo esto debo decir que el libro me pareció correcto, ni más ni menos. Quizás no estaba en the mood (el estado de ánimo), o simplemente que no me guste este tipo de literatura realista, más bien lenta y para mi pretenciosa, que me parece escrita para demostrar a la crítica lo culto que es uno y el dominio que se tiene del lenguaje. Lo recomendaría a los críticos (a quienes ya sé que les gustó al darle el Premio Nacional de Narrativa) y a los que les guste ese tipo de literatura realista.

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