Hace unos años, mientras estudiaba en la Universidad de A Coruña, una compañera me dijo una vez “¿Cómo es posible que no hayas visto ninguna de las películas de las que hablamos?”. La verdad es que no le faltaba razón. Yo no era muy asiduo al cine, pero eso no justificaba que no hubiera visto clásicos como Star Wars, El señor de los anillos o El indomable Will Hunting. Aquella noche no pude marcharme del bar en el que estábamos bebiendo unas cervezas sin una lista de pelis ineludibles y una promesa de que vería el mayor número de ellas posible en los siguientes meses.

Así es como contacte por primera vez con Trainspotting. Estaba en la lista y mi compañero de piso ya la había visto y no le importaba volver a verla. Nos sentamos en el salón con una bolsa de palomitas y disfrutamos de las locuras de Rents, Spud, Sick Boy y los demás colgados. Desconocía por completo el argumento de la historia por lo que no sabía que esperar y tanto en lo desagradable como en lo cómico me sorprendió bastante, lo suficiente para que unos meses atrás viera el libro a la venta y me decidiera a leerlo.

La obra de Irvine Welsh narra las tropelías de un grupo de jóvenes escoceses que viven en los suburbios de Edimburgo. Si se tiene que señalar un protagonista seguramente sea la heroína y su consumo porque este es el nexo que engrana los distintos personajes y cosmovisiones que se describe a lo largo de todo el texto. La drogodependencia y sus consecuencias son una constante que se acompaña con reflexiones sobre las dificultades de una vida en la pobreza, la clase obrera moderna o la decadencia cultural de occidente. Todo ello aderezado con elementos satíricos que permiten una lectura relativamente sencilla… y digo relativa porque existen pasajes en los que simplemente se despierta la repugnancia en todas sus dimensiones posibles.

Con todo, la obra hace un gran trabajo a la hora de humanizar el consumo de heroína describiendo de forma notable su realidad, sus consecuencias y condiciones. Consigue que el lector se introduzca en este submundo y comprenda que pasa por la mente de las personas que caen en la adicción, sus luchas y penas, así como sus cosas positivas (son pocas, como bien dicen los propios personajes, pero también dignas de destacar para constituir una visión completa).

Personalmente, como dije antes, la película me sorprendió en su momento y no esperaba que ocurriera lo mismo con el libro. Ya era consciente del argumento y las distintas historias que se desarrollaban en la obra y pensé que eso le quitaría gracia a la lectura… sin embargo, no fue así. Al fin y al cabo, Irvine Welsh profundiza en un elemento que mayoritariamente se suele ver desde un punto de vista superficial y con ello logra humanizar, en lo bueno y en lo malo, a unos sujetos que muchas veces pierden la categoría de persona a consecuencia de la marginalidad en la que residen.

En definitiva, Trainspotting no es una obra maestra, tampoco creo que se la recomendaría al público en general. Es, más bien, un elemento interesante para todo aquel que quiera acercarse a este tipo de elementos marginales y tener una visión un poco más completa de los mismos.

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